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Monday, 29 June 2020

Andrea Romani a ICTE: Educación como Desarrollo Humano (quarta parte)

“EDUCERE”


La palabra educación deriva de “ex” (que quiere decir “de” o “desde”) y de “ducere” (que quiere decir “conducir” o “guiar”). El sentido sería él de “conducir afuera, sacándolo desde adentro”, o de “sacar afuera”. Por lo tanto, educar al hombre sería “sacar afuera el hombre”, hacerlo crecer: hacer surgir el hombre total, que ya está presente, come germen. 


Nuestros antepasados, utilizando este término seguramente ya habían entendido cuales podían ser los errores más graves de una falsa educación. Los hemos visto: el escepticismo (la duda sistemática), el individualismo (la ausencia de relaciones estables), la imposición (poner arriba una carga) y la oposición (poner algo en contra). Con esta inteligente y visual palabra (“sacar afuera”), se eliminan todas estas posturas erróneas, porque se elimina el hecho de que el adulto pueda “poner adentro” algo en el joven. 


La educación no es un llenar al joven de nociones, un “poner adentro”, sino un “sacar afuera”. El máximo error, que sintetiza los errores de todas las falsas educaciones, es el “poner adentro”; y, muchas veces, con el auxilio de fuerzas impositivas de distinto tipo. Se pretende poner, adentro del corazón, de la mente y de la consciencia del joven, algo que nos parezca importante y necesario. 


El “poner adentro” incluye oposición, siendo que el joven ser humano no está hecho para que se le ponga adentro algo, sino porque se le saque lo que él tiene que ser. El “poner adentro” incluye también imposición, porque el joven será “llenado” según lo que dicen algunos programas o algunas ideologías ya hechas. El “poner adentro” incluye escepticismo, siendo que un maestro pone adentro su idea y otro maestro una contraria, así que el joven duda de cuál sea la verdad. El “poner adentro” incluye individualismo, porque es un nocionismo en el cual reina el desinterés del maestro por la humanidad del alumno. 


Nosotros, la mayoría de las veces, no tomamos en cuenta el hecho que el joven ya tiene en sí mismo las semillas de todas las verdades. Nosotros, seamos padres o profesores, no somos los dueños de la consciencia y de las verdades conocidas por un hombre. 


Por lo tanto, para traducir la palabra “educación” en el contexto de hoy, yo tendría que utilizar un término sintético que exprese la compañía de ayuda desinteresada que pueda establecerse entre un hombre adulto y un hombre más joven. El hombre adulto (que habíamos llamado “provocador”) acompaña al joven hacia su personal destino y su propia realización. La palabra “acompañar” (o “acompañamiento”) podría ser la que mejor substituya, para entendernos, la palabra “educación”, identificando la relación educativa en su esencia. 



AUTORIDAD y ALUMNO


El proceso educativo que, por todo lo que hemos visto, es una relación humana se compone de dos factores: la autoridad y el alumno. 

 

El provocador, presencia importantísima para la educación, se llama, tradicionalmente, “autoridad”: y seriamos nosotros adultos, padres y maestros. Sé que la palabra “autoridad” conlleva consigo muchas falsas interpretaciones y muchos abusos. Pero, la raíz latina de esta palabra es muy hermosa: se deriva del verbo “augeo”, que significa “aumentar”, “hacer más grande”, “hacer crecer”. Por lo tanto, esta palabra se une magníficamente con la otra (“educación”): la autoridad no es aquél que impone o pone a fuerzas algo adentro, sino es aquél que hace crecer el germen que hay adentro. 


Podríamos substituir la palabra autoridad, si a ustedes les parece, con la palabra “provocación” o con la palabra “compañía”, que tal vez se ven menos deturpadas en la historia de sus utilizaciones. Podríamos decir que la educación es un acompañamiento provocativo. Una compañía es algo vivo y viviente, algo comprometido contigo, algo que se interesa por ti, algo plenamente humano, y, por lo tanto, algo provocativo. Una compañía provocativa saca lo que está adentro, lo que no llegaría a su madurez si nada de externo lo provocara.


Hablo del alumno por segundo, pero él tiene el primer lugar. El alumno es el centro del proceso educativo: es alrededor del joven que se mueve este humilde trabajo. Espero que ustedes no pongan jamás su persona o su cabeza al centro en algo educativo. La guía consiste en el servicio desinteresado, que no quiere ni recompensas ni agradecimientos. Cuando un joven se vuelve grande y hace su propia vida, deberíamos poder decir: “somos siervos inútiles”. 


La palabra “alumno” se deriva también del latín: de “álere”, que significa “respirar”; de aquí, entendemos también la palabra “aliento”. El aliento era, para los antiguos, el signo propio de la vida; el temblar de una vela encendida bajo la nariz daba el signo de la presencia de un cuerpo todavía viviente. El alumno es aquél que desea la vida, que busca la vida, que está en vías de desarrollar siempre más su vida, su personalidad, su libertad. 


Si el alumno es el centro de la relación maestro-alumno, el fin de toda educación es que se desarrolle en él la vida en su plenitud. La vida en su plenitud es la libertad. El fin de la educación es que maduren hombres libres. Esta perspectiva hace cambiar la manera de ver una escuela y pone una cierta sombra de sacrificio en nuestras tareas de educadores, siempre en peligro de ser posesivos y de manipular. 


PROPUESTA 


En la edad evolutiva hay muchos y repentinos cambios y llega el momento en el cual el padre o el maestro tienen que dejar que el joven se aleje siempre un poco más de ellos, para que pueda averiguar lo que aprendió, para que pueda darse cuenta de la realidad, para que pueda aplicar las verdades conocidas, para que pueda ponerlas a la confrontación con los demás. Esta lejanía es, en realidad, una apariencia de lejanía: el joven se va a sentir, si lo dejamos libre (siguiéndolo como con la cola del ojo y siempre estando disponibles a él y queriéndolo), más unido con nosotros, más amigo, más ligado también afectivamente. 


Los dos factores (autoridad y alumno) están en relación entre sí. Esta relación es un camino en el cual, a la vez, como hemos visto, progresan los dos y, en particular, el joven logra su libertad de hombre adulto. En este camino, se necesita mucho ánimo por parte de la autoridad: el joven es un ser en acción, necesita que le usemos paciencia; que le dediquemos tiempo; que nos apliquemos a los problemas de su vida; que seamos al mismo tiempo exigentes e indulgentes. Necesita, sobre todo, que confiemos en su responsabilidad y en su libertad. 


En la edad en que, crecido el niño, se despierta la libertad del adolescente, él encuentra, en su relación con el educador, no únicamente verdades científicas, sino también valores (o sea verdades que valen para la existencia humana como tal). El niño pequeño no se hacía problemas sobre ellas: le pasaban como por ósmosis del contacto con sus papás y sus maestros; el adolescente, al contrario, empieza a ponerlas en duda, a meterse en problemas, a confrontar, a buscar afuera, a ver si hay un camino verdadero. Es aquí en donde más vale todo lo que hemos dicho hasta ahora.


La mejor postura (siendo que yo, padre o maestro, no podría no ser lo que soy, ni mostrarme a él como “neutro” y sin valores) es la de la “propuesta”. Se trata de una propuesta a la libertad. Hay momentos en que el joven pondrá en crisis todo lo que le hemos dado; y, si le hemos impuesto algo, se rebelará. Si le hemos propuesto lo que somos en libertad, apreciará y amará quien le dejo la libertad de elegir, aun si él se ira por un camino de valores distinto de lo que le habíamos propuesto. La gran lucha de un educador es que él trabaja para la libertad.


Los educadores realizan la tarea más grande de la vida, es una aventura y un arte al mismo tiempo. Ser una compañía provocativa hacia una humanidad libre y responsable. No deserten su tarea; la necesitamos. Por mi parte, creo que, para un hombre, haber cumplido esta tarea sea su más rica herencia y su más grato testamento para sus hijos, alumnos y todos.


Thursday, 25 June 2020

Andrea Romani a ICTE: Educación como Desarrollo Humano

LOS DESERTORES


En la historia que les conté, los dos ancianos, padres o abuelos que fueran, eran incapaces de ejercer una tarea de provocadores, mudos y enfermos como eran. Tomándolos como hipótesis de trabajo, la niña no se desarrollaba. A partir de este triste caso negativo, se prueba la verdad de lo que hemos descrito. 


Lastimosamente hoy hay padres que no son como los dos de la novela y, sin embargo, desertan sus responsables tareas de provocadores. Hay padres que prefieren desertar su tarea de responsabilidad educativa, tomando la fácil y cómoda excusa de no ser capaces. Sin embargo, la regla natural según la cual se entiende adhiriendo vale también para los papás; la provocación es reciproca. 


Hay otros que, en la tarea educativa, esperan siglos, mientras que el tiempo es ahora. No es posible que el niño vea y entienda antes de hacer o de adherir. Tampoco es posible que el joven actúe de manera correcta únicamente actuando por su cuenta. A veces, hay genitores y nada más, o sea hay unos que engendraron únicamente los hijos, sin interesarse ni de darles de comer. Otros les dan de comer y mucho más, pero a condición de que no molesten con sus muchos problemas. Algunos, los dejan muy libres, pero de una libertad que los hijos mismos interpretan, en los momentos de sus crisis de adolescentes, como desinterés. Otros les dan carro y dinero, y les consiguen una buena carrera profesional, pero sin darle un sentido para la vida. La verdad es que es muy incómodo, para unos padres (y también para unos maestros), tomar en serio su tarea educativa, porque tendrían que ponerse a revisar su propia vida, ya instalada y bien fija. 


No se confundan: la provocación educativa de los padres no tiene que coincidir, a parte unos casos muy graves y a parte la primera edad, con una cercanía física constante, la cual puede a veces demostrar una actitud muy negativa y obsesiva.  


La provocación educativa inscrita en la naturaleza tiene su punto de partida en un amor gratuito. Es un amor desinteresado, que ofrece su servicio sin nada pretender, que ofrece ayuda, que pone remedios donde se necesiten, que no es movido por interés o por una correspondencia celosa, que sabe expresarse en formas distintas según las edades y los distintos caminos. Sobre todo, diría yo, es el estar “enamorado” del destino bueno de la vida del otro, de su preciosa libertad y de su responsabilidad delante de la historia y de la humanidad. 


Todo esto implica el misterio del ser humano; y pone delante del adulto su tarea primera, la de revisar su propia existencia y, en todo lo necesario, cambiar manera de actuar, para no desertar de ser provocadores a la vida: esto nos dice la misma naturaleza. 



LA LIBERTAD


Estamos viendo lo que nos dice la naturaleza sobre nuestro tema educativo. No hay nada que pueda mejor sugerirnos criterios. La experiencia de la naturaleza, que es parte de la experiencia personal de todos, es algo común a los hombres de cualquier época y de cualquier raza. 


Otra cosa que nos sugiere la naturaleza es que la provocación no puede ser oposición (poner algo contrario), ni puede ser imposición (poner algo arriba, como un peso o una carga. La provocación verdadera es un amor; por lo tanto, no puede ser oposición, no puede ser ponerse en contra de algo que hay en el otro. 


Todos recordarán con mucha lástima aquellos maestros que, con sus palabras, los mortificaron, por como le costaba escucharlos, los temían, no tenían ganas de seguirles. Al mismo tiempo, permanece en los recuerdos la cara de aquella maestra de la que nos dábamos cuenta que nos quería y de ella, de su sonrisa y de sus miradas, habríamos podido aprender todo. Creo que sea experiencia de todo alumno la de no lograr aprender bien una materia impartida por un profesor “antipático” (en latín, quiere decir “contrario a mis sentimientos”). 


Tampoco ha de existir imposición: la provocación es una propuesta, no se puede imponer. Hay casos, raros, en los cuales puede darse un gesto excepcional y necesario, como lo es él de intentar las formas para obligar el niño a tomarse la medicina que no le gusta o alejarlo mientras pondría los dedos en una toma de corriente eléctrica (es el caso de daños graves para el joven mismo o los demás). Un gesto impositivo de este tipo, sin embargo, no puede ponerse jamás para satisfacer un deseo de afirmación de un poder, es algo que puede darse únicamente dentro de un contexto ya existente de relaciones de amor. Afuera de estos casos límites, la imposición contradice la naturaleza y la misma experiencia razonable de cualquier hombre. 


Lo que desearía que quedara claro es que una verdadera provocación educativa hacia el desarrollo de una persona no puede existir si hay oposición o imposición. Ambas provocan un rechazo, porque la consciencia del joven no participa al proceso de madurez. Hasta cuándo estará obligado, aceptará. Pero, llegado el momento en que podrá moverse por su cuenta, se rebelará a todo lo que había aceptado sin querer, por imposición u oposición. La naturaleza del proceso educativo exige un clima de libertad. 



Monday, 22 June 2020

Andrea Romani a ICTE: Educación como Desarrollo Humano (seconda parte)

LA EXPERIENCIA PERSONAL 


Quiero pasar al otro aspecto del método que dije que iba a utilizar: tomar como punto de referencia la naturaleza humana misma. Cada uno tiene que juzgar en base a su propia experiencia. Sin embargo, hoy nuestra experiencia se encuentra, podríamos decir, bombardeada por múltiples y complejas interpretaciones, ideologías, intereses y medios. 


Hoy, uno de los ejemplos de experiencia personal parece ser la duda: uno se presenta como realmente maduro, sabio y rico en su experiencia personal cuando puede y sabe ser escéptico y dudar de todo. Este tipo de hombre jamás podrá ser educador verdadero: el joven necesita de certezas, necesita de apoyo firme. Estoy hablando de la duda sistemática, no de la justa duda que puede nacer después de una investigación. La duda sistemática impide lo que el hombre tendría que hacer y que el joven desea: entregarse a la realidad. 


Otro de los ejemplos de experiencia personal de hoy es la libertad entendida como individualismo absoluto. Este tipo de hombre tampoco podrá ser educador verdadero, porque su vida es ausencia de responsabilidades y de palabras confiables para con los demás. Para el joven que desea encarar el amor, el trabajo y una tarea personal en la vida, la expresión plena de la libertad no es la ausencia de ligámenes, sino la construcción de ellos. 


Delante del joven, que es algo “todo nuevo”, el adulto ve de que manera tendría que cambiar su vida, sobre todo si es padre, maestro, educador. Por eso, me pregunto si un hombre de nuestros días, educado en las ciencias empíricas y matemáticas, en el escepticismo y en el individualismo, pueda dedicarse a un examen serio de un argumento que implica el misterio de las relaciones intrapersonales e interhumanas, como lo es la relación educativa entre maestro y alumno, entre un adulto y un joven. 


De esta breve reflexión, deseo dejar claro que el profesor es un ser humano, antes que ser un profesor, y no podrá ponerse delante del joven escondiéndose come persona. Por lo tanto, su primera tarea, también como persona es (aún antes de la importantísima relación entre maestro y alumno) la de recuperar y retomar el sentido de su propia experiencia humana. Él deberá encarar su humanidad a la raíz, entregándose a su propria vida, a sus intereses profundos y verdaderos, incluidos los de sus materias profesionales. Así el profesor podrá tener una propia y personal experiencia que le sirva como criterio para juzgar. Además, será sincero con el joven, presentándole la verdad de sí mismo y no una máscara o mentira, de la cual el joven muy pronto se va a dar cuenta.




LA NATURALEZA


Preguntémonos, primero, cuáles sean la regla y el método de la naturaleza para el desarrollo de un hombre. La respuesta queda delante de los ojos de todos. La naturaleza pone el hombre dentro de la realidad y de la vida sin que él ya la conozca (y sin haberlo antes preparado demasiado, dado el cuerpo pequeño y débil que sale del vientre de su mamá). Se comienza la existencia como algo no desarrollado. “Haciendo se aprende” es una expresión que tiene un fondo verdadero, porque así actúa la misma naturaleza: nos pone adentro de la realidad antes de estar completamente desarrollados como hombres. Estando allí es que nos desarrollamos. Podríamos decir que se entiende adhiriendo. 


Existe una historia de exploradores que llegan a un pueblo lejano y, en una cabaña pobre, en la casa de dos ancianos cónyuges mudos y enfermos, ven algo que se mueve en el piso, bajo un mantel. Acercándose, se dan cuenta que se trata de una niña, ya bastante grande, que todavía no reacciona a nada. No reacciona por el motivo que, siendo sus padres mudos e inamovibles, ella no tenía, en sus alrededores, ninguna provocación. El hecho es que aquel germen, que es el hombre recién nacido, no se desarrolla si no tiene provocaciones. 


La palabra “provocación”, que se deriva del latín y está compuesta por “pro” (adelante) y por “vocación” (llamado), expresa la función de quien pone delante algo llamativo. En este caso, se refiere a la acción de quienes ponen, delante del joven, el llamado, real e ideal, al cual él está destinado en su vida. Se trata de un término que recubre, al mismo tiempo, un sentido como él de despertar en mí algo que todavía está dormido y él de ayudarme, protegerme y promoverme. En términos tomados de las ciencias naturales, se puede hablar de “hipótesis de trabajo”: el niño recién nacido toma como hipótesis de trabajo para moverse sus papás, sus inmediatos provocadores. El niño, adhiriendo a ellos, entiende, paso tras paso. 


La mamá que sonríe al niño en la cuna es una provocación, la leche de su pecho es una provocación, el intento de hablarle al niño para que él mismo empiece a hablar es una provocación, etcétera. Más adelante, con el desarrollarse del niño, se darán otras provocaciones, no únicamente materiales sino también psíquicas y espirituales. La educación tomará un camino siempre nuevo, moldeándose según los distintos pasos de aquella época de la vida que tradicionalmente se llama “edad evolutiva”, por sus muchos y repentinos cambios. La educación es, básicamente, esta provocación y está basada en el hecho de que el joven, desde niño hasta su madurez, tenga, de forma distinta según su cambiante camino propio, unos provocadores en este sentido. Sin la existencia de provocaciones, la vida acaba su desarrollo: esto nos dice la misma naturaleza.


Thursday, 18 June 2020

Andea Romani a ICTE "Educación como Desarrollo humano"

Hablar de educación y de desarrollo humano es tener un enfoque hacia los jóvenes, o sea hacia la que se llama la “edad evolutiva” o el período del más intenso desarrollo humano. Se trata del momento en el cual las jóvenes y los jóvenes viven la edad decisiva, entre los trece y los veinte años, en la que dos o tres “sí” o “no” deciden de la construcción fundamental de una personalidad. Consideren que cada uno es único y no será repetible jamás en la historia de todo el universo. Por otro lado, hablar de “escuela” o de “salón de clase”, para mí, ha sido siempre decir el nombre de personas, una por una.


Los padres, los profesores y los maestros somos los que tienen una responsabilidad inaudita delante de las personas, de nuestros Países y, yo diría, del mismo dios. Esto por amor al hombre en su realización individual y por amor a la sociedad como lugar de libertad en el convivir y en el construir juntos.


Hoy, estamos adentro de una “homologación”, que se vuelve siempre más poderosa gracias a los instrumentos de comunicación masiva, que nos quiere todos iguales. La tendencia es aquella que las escuelas donde prevalece la relación maestro-alumno sean substituidas por burocracias anónimas, por reglas sobre reglas, para dar lugar a un proceso de formación fundado en un sistema instructivo y educativo de tipo publicitario. 


Entonces, serán necesarios de hombres y mujeres que crean en su destino grande y en su valor; que decidan sacrificar sus vidas para dedicarse a un trabajo educativo que recupere la ineliminable función humana y social de acompañar personalmente a los jóvenes. Ellos tienen una impresionante necesidad de alguien que los acompañe sin manipularlos, ellos desean la cercanía de una más grande humanidad, exigente e indulgente al mismo tiempo, que les esté cerca sin ser pesada ni oprimente.


Siendo el problema muy grave y actual, no quiere ser, el mío, un discurso completo sobre la pedagogía y la educación, sino poner unos puntos muy elementales, que me parecen fundamentales en cualquier planteamiento educativo. Haciéndolo, voy a utilizar dos caminos que son muy sencillos: el primero consiste en el hecho de explicar palabras que se usan en la descripción usual del proceso educativo, mientras que el otro consistirá en el tomar como punto de referencia la naturaleza misma, sin ideologías preconstituidas.



EL SENTIDO DE LAS PALABRAS


Descubrir el sentido de las palabras parece sencillo; pero, en realidad, se trata de un trabajo para hacer el cual se necesita de una buena dosis de fatiga. A veces, se dan a los alumnos de clases tareas de etimología, para que entiendan el origen de los términos que utilizan. Pero, este trabajo corre el riesgo de no lograr bien su objetivo, porque no se trata únicamente de conocer de donde se derive una palabra, sino de conocer su contexto histórico y de entrar en el mundo que le ha dado su origen: se trata de ensimismarse con la mentalidad del pueblo que la inventó. Por otra parte, hoy, vivimos en un mundo en el cual muchas palabras, por la publicidad que desacraliza todo, se adaptan a tener muchos sentidos, a veces también opuestos y muy lejanos de su origen. 


La fatiga es necesaria porqué la mentalidad que tenemos nos ha distraído del valor del hecho humano. Todo, hoy, el amor también, se mide con dinero. Nada parece plenamente razonable si no tiene su precio. Se ha difundido una grave mentalidad según la cual los éxitos materiales son los únicos elementos que constituyen un conocimiento cierto y hasta una bendición de parte de dios. Una cierta fatiga será entonces necesaria, porque se trata de una lucha contra algo que está dentro de nosotros, la mentalidad común. Ustedes confronten lo que de mí escuchen con lo que, al respecto, le sugiere su vida real. 


También en este sentido, es muy útil el hecho de explicar las palabras. Diría que es necesario, porque la lucha contra la mentalidad dominante siempre es una lucha sobre las palabras. Pongamos la palabra “consciencia”, o la palabra “libertad”, o la misma palabra “amor”. Hay que luchar para una correcta interpretación de las palabras; de otra forma, la convivencia se vuelve confusión. Nosotros los profesores, por ejemplo, decimos palabras que tienen siglos de historia y, muchísimas veces, las utilizamos sin darnos cuenta de su contenido. 


Nuestro trabajo de maestros y de profesores es maravilloso, porque, en nuestras clases, iniciamos a una verdad a quienes no la conocen. Este es un trabajo que debería permitirnos encarar siempre y de nuevo la realidad, volviéndonos, nosotros mismos que la exponemos, más elementales, más esenciales y más sintéticos. A veces, se confunde todo con una postura de rigidez nocionísta o con una actitud sentimental para con los alumnos o con una vaga humanitaria incitación al bien, al deber y al estudio. Me parece equivocado que muchos educadores quieran conocer todas le ciencias modernas y no se preocupen por conocer los elementos fundamentales de aquella experiencia que es su tarea diaria: la relación educativa. 


Sunday, 8 December 2019

Calendario ISI2020 "Perchè tutte le immagini portano scritto più in là"




Podemos decir, sin duda alguna, que la vida de todos nosotros es acompañada, marcada y, a veces, determinada por los encuentros con las personas y los hechos con lo cuales hemos compartido y seguimos compartiendo nuestro cotidiano. Algunos de estos son tan escurridizos o banales, otros nos guían con paterna benevolencia a lo largo de toda la vida o nos traen un sufrimiento tan grande que no logramos ver más allá; otros aún, que muchas veces duran lo que una palabra o una mirada, son los que nos haces sobresaltar en lo profundo, llevándonos a re-descubrir y a re-conocer aquella “voz del corazón”, lugar en el que percibimos, tiempo atrás, que somos amados y queridos y al cual deseamos volver y donde mi verdadero yo se redescubre en unidad con todo y con todos. Nace entonces, inevitablemente, si tomamos en serio aquel “sobresalto”, una nueva socialidad, un nuevo modo de relacionarse unos con otros, de dialogar, de estar juntos, porque en el otro vuelvo a encontrar aquella humanidad que también es la mía, que prevalece sobre cualquier mérito, simpatía, capacidad, condición económica o social.
Y bien, el calendario de ISI 2020 quiere presentar lugares y experiencias en el mundo en los que hemos tocado con mano esta nueva socialidad, misma que nos ha llevado a modificar incluso nuestro método de trabajo. De hecho, este año, las frases que acompañan las fotografías son fruto del trabajo común de muchos, recordando siempre aquella unidad que se desarrolla también dentro una diferencia de culturas, de lenguas, de tradiciones, de historias; todos buscamos la respuesta provocada por ese “sobresalto” y, ante ésta, no podemos sino dejar a un lado individualismo, diferencias, prejuicios ¡y trabajar juntos!
Nuestro calendario desea ser el producto de este trabajo común y, entonces, conscientes de esa necesidad de conmoción unos con otros, sigamos trayendo, juntos, nuestra aportación a la labor común.


Possiamo dire, senz’ombra di dubbio, che la vita di noi tutti è accompagnata, scandita e, a volte, determinata, dagli incontri con le persone e i fatti con cui abbiamo condiviso e condividiamo la nostra quotidianità. Alcuni di questi sono tanto sfuggevoli o banali, altri ci affiancano con paterna benevolenza lungo tutta la vita o ci portano tanta sofferenza da non poter quasi vedere oltre; altri ancora, che spesso hanno la durata di una parola o di uno sguardo, sono quelli che ci fanno sussultare nel profondo, portandoci a ri-scoprire e ri-conoscere quella “voce del cuore”, luogo in cui abbiamo sentito, un tempo, di essere amati e voluti e al quale desideriamo tornare e dove il mio vero io si riscopre in unità con tutto e con tutti. Nasce allora, inevitabilmente, se prendiamo sul serio quel “sussulto”, una nuova socialità, un nuovo modo di rapportarsi all’altro, di dialogare, di essere insieme, perché nell’altro ritrovo quella stessa mia umanità, che prevale su ogni merito, simpatia, capacità, condizione economica o sociale.
Ecco, il calendario di ISI 2020 vuole presentare luoghi ed esperienze nel mondo in cui abbiamo toccato con mano questa nuova socialità, la stessa che ci ha portato a modificare anche il nostro metodo di lavoro. Infatti, quest’anno, le frasi che accompagnano le fotografie sono frutto del lavoro comune di tanti, tenendo presente quell'unità che si sviluppa anche in una differenza di culture, di lingue, di tradizioni, di storie; tutti cerchiamo la risposta provocata da quel “sussulto” e davanti a questa non possiamo che mettere da parte individualismo, differenze e pregiudizi e lavorare insieme!
Il nostro calendario vuole essere il prodotto di questo lavoro comune e quindi, coscienti di questa necessità di struggimento l'uno per l'altro, cerchiamo ancora e insieme di portare il nostro contributo al lavoro comune.


Nous pouvons affirmer sans faute, que la vie de chacun de nous est accompagnée, rythmée et, de fois, déterminée par les rencontres avec des faits et des personnes avec qui nous avons partagé et nous partageons notre vie quotidienne.
Certaines rencontres sont insaisissables ou banales, d’autres nous accompagnent avec une bienveillance paternelle tout au long de notre vie, certaines nous provoquent une souffrance si grande à nous empêcher d’y voir clair, d’autres rencontres (qui ont souvent la durée d’un mot ou d’un regard) sont celles qui nous font sursauter profondément, en nous menant à redécouvrir et reconnaître cette « voix du cœur » qui est le lieu où nous avons su, une fois, d’avoir été aimés et voulus et auquel nous désirons revenir. C’est le lieu où mon « moi » authentique se découvre en unité avec toute chose et toute personne. 


Si nous prenons au sérieux ce ʺsursaut", voici que une nouvelle socialité naît : c’est une nouvelle façon de nous rapporter à l’autre, de dialoguer, d’être ensemble, car je retrouve chez l’autre la même humanité qui l’emporte sur tout mérite, sympathie, capacité, condition économique ou sociale.
Le calendrier de ISI 2020 veut présenter des lieux et des expériences qui, dans le monde, nous ont permis de toucher personnellement cette nouvelle socialité, cette même socialité nouvelle qui nous a amenés à modifier, aussi, notre méthode de travail. 
En effet, cette année, les phrases qui accompagnent les photographies sont le fruit du travail commun de nombreuses personnes. Nous avons pris en considération l’unité qui se développe aussi là où il y a une différence de culture, de langue, de traditions, d’histoires. Nous cherchons tous la réponse provoquée par ce ʺsursaut", réponse face à laquelle nous ne pouvons que mettre de côté notre individualisme, les différences et les préjugés, pour travailler ensemble !
Notre calendrier veut être le produit de ce travail commun. Conscients d’avoir besoin d’embraser notre cœur les uns dans la mémoire des autres, nous cherchons, encore et ensemble, à apporter notre contribution au travail commun. 



私たちには確かに言えることがある。私たちの人生は導かれ、しるしづけられていることを。そして時として、日常において分かち合い、今も分かち合っている出来事や人々との出会いによって人生が決定されているということを。
そのような人々や出来事は、ときに理解しがたく些細なものであったりする。また、私たちの人生において父親のような慈愛と共に存在し、あるいは出口の見えない大きな苦しみを私たちに運ぶこともある。ある人々は一言一瞥で私たちに印象を残し、大きな衝撃を与えるかもしれない。これらすべてが私たちに「心の声」を発見させ思い出させてくれる。その「声」は、私たちが愛され望まれていることを呼び覚まし、そこへ戻りたくなるのだ。それはすべての人とものごとの一致の内に、本物の私たちを見つけることができる場所である。
もちろん、私たちがその「希望」を真摯に受け止めるならば、新たな形で社会、人間関係、対話、共に生きる方法を生み出せるだろう。それは他者の中に自分自身の人間性を発見するからである。その発見は、功績、同情、能力、経済的社会的な状況などすべての問題に打ち勝つものである。
ISIカレンダー2020は、私たちが新たな方法で経験した人間性を備える場所や出来事を描写している。それは私たちに働き方を変えることを勧めてくれるものである。
写真に添えられている言葉は、私たちの心に一致を運ぶ。それは文化、言語、伝統、歴史が異なっていても、その内に発展させられるものである。私たちはみな、その「希望」によってもたらされる答えを探し求めている。個人主義、相違点、偏見を捨て共に働こう。
本カレンダーは、この共通の働きの実りになることを願う。そのため、互いに努力する必要性を意識し、共通の善を建設するために再び歩み寄ろう。



We can say without any doubt that our lives are accompanied, marked and, at times, determined by our encounters with the people and facts that have shared, and still share, our daily lives.
Some of them are elusive or insignificant; others accompany us with paternal benevolence throughout our lives, or bring us so much suffering that we cannot see a way out; still others, who may only be on our radar for the duration of a word or a glance, make us shudder deep within. All these lead us to rediscover and recognize the "voice of the heart", from which we once knew that we were loved and wanted and to which we want to return – and where our true self is found in unity with everything and with everyone.
Inevitably, if we take that "wish" seriously, we could truly create a new way of socializing, a new way of relating to the other, of engaging in dialogue, a new way of being together; because in the other I find my own humanity, which prevails over questions of merit, sympathy, ability, and economic or social circumstances.
The ISI 2020 calendar aims to present places and experiences in which we have experienced this new sociality, which has led us to change our working methods.
This year, the sentences that accompany the photographs are the result of the shared work of many, bringing to mind the unity that develops even through differences in cultures, languages, traditions, and stories. We are all looking for the answer provoked by that “wish”, and to achieve this we can only put aside individualism, differences and prejudices and work together!
Our calendar is intended to be the product of this shared work; and so, conscious of this need to strive for the benefit of one another, let us try again together to make our contribution to the common good.

Monday, 29 October 2018

La vocazione del maestro

di Maria Zambrano

Parte III
Si racconta che l’iniziato nelle antiche iniziazioni alle religioni misteriche doveva sottomettersi a una serie di prove. Il maestro è diverso anche in questo perché, per acquisire il grado supremo, deve passare attraverso prove non esenti da difficoltà, ma in seguito si trova in una prova senza fine, a ogni momento. È una condizione che diventa interiore ma a a condizione di essere acquisita a ogni istante oppure può perdersi: molti saranno stati maestri veri e propri durante un periodo della loro vita e in seguito non potranno continuare ad esserlo. Allora l’essere stati maestri resta come qualcosa di essenziale della persona, senza dubbio, eppure non la definisce completamente: quando scomparirà l’essenziale, si dirà, in quel resoconto biografico che la morte non perdona, che egli è stato anche maestro e se in seguito non è stato nessun altra cosa, resterà come qualcuno che si è fermato a metà strada. A meno che non abbia smesso di essere maestro in un modo per esserlo in un altro, giacché è possibile e forse necessario che in una società il magistero possa essere esercitato in molti modi.

Monday, 22 October 2018

La vocazione del maestro

di Maria Zambrano

Parte II
La mediazione
Ogni vocazione è per essenza mediatrice. L’abbiamo visto via via per tutti i suoi meriti scoperti empiricamente e nella considerazione finale che potremmo chiamare metafisica. Mediatrice tra le forze e le modalità che costituiscono l’individuo, mediatrice tra i piani dell’essere e quelli della realtà, della vita e della ragione. Ma è mediatrice, anche, e in sommo grado, in senso sociale, tra individuo e società, perché ogni vocazione, essendo un’offerta, è per essenza di natura sociale. Non vi è nulla più di essa che leghi l’individuo alla società; né la posizione sociale ereditata, né le funzioni di potere, né le apparizioni folgoranti sulla scena creano questo vincolo permanente tra l’individuo e la società come quando il maestro compie la sua vocazione.
Situarlo all’interno della sua specie continua a essere un modo sicuro per scoprire l’essere qualcosa, come abbiamo tentato di fare; in seguito si vedranno in esso le differenze in rapporto al genere o ai generi più prossimi. Continueremo a tentare di fare così.

Monday, 15 October 2018

La vocazione di maestro

di Maria Zambrano

PARTE I
Tutte le vocazioni hanno qualcosa in comune, senza alcun dubbio. Approfondire il luminoso fenomeno in cui consiste la vocazione esige un trattato, e forse ancor più un sistema di pensiero a partire dal quale la vocazione appaia come una di quelle cose intellegibili che non solo si capiscono, ma danno una mano a farsi capire. La maggior parte dei sistemi filosofici del mondo moderno, delle ideologie che lo invadono, non permettono neppure che si tenga conto del fatto della vocazione, e tantomeno può essere usata la parola stessa, vocazione.
Invece, della vocazione di parla di professione, spogliando questa parola dal suo senso originario, rendendola equivalente a “occupazione” o al semplice lavorare per guadagnarsi da vivere.

Saturday, 6 October 2018

La novità di educare - The Great Teachers #6

“La novità di educare” contiene tre diverse pubblicazioni che desiderano accompagnare la formazione di chi vuole essere educatore.
La prima, “Appunti di metodo per gli insegnanti” raccoglie alcuni spunti che nel 1979 il prof. Giovanni Riva ha voluto suggerire a chi vive l’educazione come vocazione.
Poi “La novità di educare”, una lezione tenuta dal prof. Riva nel 1993 agli insegnanti e ai genitori di Nuova Scuola, opera cui lui stesso aveva dato vita, a Reggio Emilia.
“La Comunità educante” (1994), quasi come sviluppo della precedente, riunisce gli educatori che desiderano, in modo più decisivo, vivere l’educazione cristiana.
Si tratta di una stesura degli appunti dei partecipanti a queste conversazioni e non è stata rivista dal relatore, per questo risente dello stile colloquiale originario.



Edizione bi-lingue (italiano e spagnolo)



Monday, 9 October 2017

Tirar su bambini come Dio comanda

G. Riva, in Il Sabato, 27 settembre -3 ottobre 1980
Per mia moglie e per me, il rapporto coi figli è il proseguire ciò che la natura, nel suo metodo, ci offre. Un uomo entra nel mondo prima di averlo capito, un figlio è concepito e nasce prima che egli conosca madre e padre e uomini e luoghi. La legge metodologica della natura e che bisogna fare per capire, è che la realtà si capisce soltanto aderendovi. Per capire, bisogna seguire. Bisogna, cioè, entrare in un’esperienza prima ancora di affannarsi in innumerevoli e inconcludenti discussioni su di essa. Questo dunque è il nostro e mio rapporto coi figli, cioè il metodo educativo in uso nella nostra famiglia. Credo sia anche quello della liturgia cattolica, che chiede solo di aderire nonostante i dossettismi liturgici attuali. Credo, soprattutto, che sia anche quello di Cristo: “Vieni e seguimi”. “Vieni e vedrai”.
Indubbiamente un bimbo è predisposto a questo metodo, cioè lo richiede. Egli divora il latte che gli viene dal seno e la pappina che poi gli si prepara, egli appartiene alla presenza reale che i genitori sono attorno a lui. E’, per natura, una capacità obbedienziale. E, come tale, esige che i genitori siano coscienti di ciò che devono dargli, cioè di essere genitori non solo la notte (una volta si diceva che accadesse solo di notte) di tenerezza in cui l’hanno concepito, ma sempre. Siccome il bimbo è un essere che si evolve fino all’uomo, questo sempre va adeguato a quello sviluppo del figlio: è qui che, per noi, sono sorti i problemi, o, meglio, è qui che abbiamo sentito la drammaticità della responsabilità di essere padre e madre.
Un primo problema riguarda l’aspetto, diciamo, di proposta, che è il fondamentale per non rinunciare alla propria responsabilità: ci siamo accorti, per esempio che, durante la messa, non potevamo chiedere ai piccoli di tacere se non dimostravamo quanto fosse vero per noi il partecipare al gesto; e non potevamo dimostrarlo se non era vero, cioè se veramente noi non credevamo all’indispensabilità, nella nostra vita, di tale momento. Coi figli, valgono poco i discorsi o i richiami se non sono suffragati dalla testimonianza personale: il metodo preventivo credo proprio che sia nel vivere prima io ciò che propongo, altrimenti ne verrà un formalismo, mantenuto soltanto finché il figlio è obbligato a stare sotto il tuo tetto e basta. L’esito di questo farisaismo inconsapevole e di vite di genitori asserviti a due inconciliabili padroni è stata ed è ancora purtroppo la defezione massiccia dei figlio (anche di alte personalità del mondo cattolico): ciò che non viene da convinzione è inutile proporlo ai figli, oltre che essere inutile e dannoso da vivere per sé. L’autorità, come dice Mounier, è l’incontro con un appello, è una persona direttamente coinvolta con ciò che propone, è un luogo di riferimento che tenti di incarnare, in tutti gli aspetti della vita, lo stesso valore o richiamo ideale ai valori che rivolge ed è tenuto a rivolgere (in quanto tramite della vita: e la vita non è solo respirare) al figlio. La diserzione dalla responsabilità di educare i figli (caldamente appoggiata dallo stato italiano, gestito da democristiani che sono la negazione di questa preoccupazione) è diserzione da sé, è un insulto irresponsabile contro la società, è un grave delitto contro la carità (sulla quale saremo giudicati, e non da tribunali della mentalità dominante ma da quello di Dio, se di tribunale si può parlare per la condanna alla disperazione totale che già per molti è iniziata).
Un’ altra responsabilità del gioioso peso di genitori è quella della discrezione. La natura infatti è discreta: si dice che “non facit saltus” e, perciò, non si può far crescere un albero tirandone i rami, soprattutto se tale albero è la coscienza: essa si sviluppa secondo tempi ed esiti diversi e, più i figli dimostrano una propria intelligenza e volontà, più la discrezione emerge nei termini di proposta rivolta alla libertà altrui. Lo scopo dell’educazione è proprio quello di far emergere questa libertà, intelligente e capace di lavoro.

Si arriva ad un punto, con un figlio, che ci si ritrova, marito e moglie, col proprio iniziale compito di maturazione personale e con un amico adulto in più, col quale camminare insieme. Noi abbiamo cinque figli e- figli miei, perdonatemi l’accenno- se mia moglie avesse abortito, avremmo perso in vita e vitalità noi stessi, perché ognuno di loro ha avuto una funzione, e l’ha ancora: proprio per me e per noi, oltre che per il mondo. Un ulteriore senso di responsabilità nasce, per noi, dal guardare la differente età dei nostri figli (il maggiore ha dodici anni e il minore ne ha quattro): ma il problema di cui voglio parlare può essere evidente considerando anche l’evoluzione, nel tempo, di un figlio unico. La responsabilità, cioè la risposta da dare, è quella di riuscire genialmente ad adeguare i valori, gli stessi, ad ogni istante dell’evolutività continua, delle diverse età, dei diversi ambienti, stati d’animo e problemi dei figli. E’ una faccenda che non lascia mai pienamente tranquilli, perché è fattore fondamentale per l’acquisizione di una coscienza, di un rendersi ragione, di un’adesione intelligente dei figli.
continua...

Crecer a los hijos como Dios manda 


 Este artículo fue publicado en Italia en el periódico Il Sabato (27 de septiembre - 8 de octubre de 1980).

Para mi esposa y para mí, la relación con los hijos consiste en proseguir con lo que la naturaleza nos ofrece como su método. Un hombre entra en el mundo antes de haberlo entendido; un hijo es concebido y nace antes de conocer a su madre y a su padre, a los hombres y los lugares. La ley metodológica de la naturaleza indica que para entender es necesario hallarse, y esto indica que la realidad se entiende solamente adhiriéndose a ella. Para entender es necesario seguir, o sea es necesario entrar en una experiencia antes de afanarse en innumerables e inconcluyentes discusiones sobre ella. Entonces, la relación mía y nuestra con los hijos, es decir el método educativo adoptado en nuestra familia, sigue esta horma. Creo que sea la misma de la liturgia católica, que pide solo adherirse, a pesar de aquellos hombres que hoy en día siguen unos litúrgicos pensamientos inspirados en Dossetti. Creo, sobre todo, que también sea el mismo método de Cristo: “Ven y sígueme” y “Ven y verás”.

Indudablemente, un niño está predispuesto a este método, o sea lo pide. Él devora la leche que viene del seno y la papilla que luego se le prepara, y él pertenece a la presencia real de sus padres que lo ciñen. La del niño es, por naturaleza, una capacidad de obediencia y, como tal, exige que los padres sean conscientes de lo que deben darle, o sea que sean sus padres no sólo durante la noche (hace tiempo se decía que esto ocurría sólo en las noches) de ternura en que lo han concebido, sino siempre. Como el niño es un ser que evoluciona hasta hacerse hombre, siempre hay que adecuar esto al desarrollo del hijo: es aquí que, para nosotros, han surgido los problemas, o mejor dicho, es aquí que hemos sentido lo dramático de la responsabilidad de ser padre y madre.

Un primer problema se refiere al aspecto, digamos, de propuesta, que es fundamental para no renunciar a nuestra responsabilidad personal: por ejemplo, nos dimos cuenta que, durante la misa, no podíamos pedir a los pequeños de callarse si no les demostrábamos cuánto fuese verdaderamente importante para nosotros participar a ese gesto; y no podíamos demostrárselos si no era verdadero, es decir, si verdaderamente nosotros no creíamos que ese momento era indispensable para nuestra vida. Con los hijos valen poco los discursos o los reproches si no son acompañados por el testimonio personal: el método preventivo creo consista en que yo ya vivo lo que les propongo; de lo contrario, se vuelve un formalismo, que resiste sólo hasta que el hijo esté obligado a quedarse bajo tu techo y luego se acaba. El éxito de este fariseísmo inconsciente en la vida de padres que son doblegados frente a dos inconciliables señores ha sido y es todavía, desafortunadamente, la causa de la deserción de los hijos (también de altas personalidades del mundo católico): lo que no brota de la convicción personal es inútil proponerlo a los hijos, además de ser inútil y dañino para la vida di quien así actúa. La autoridad, como dice Mounier, es el encuentro con una petición, y es una persona directamente involucrada con lo que propone; es un punto de referencia que intenta encarnar, en todos los aspectos de la vida, el mismo valor o el llamado ideal a los valores que dicha autoridad vive y que por ello indica al hijo (en cuanto es él el trámite de la vida: y la vida no es sólo respirar). Desertar de la responsabilidad de educar a los hijos (vivamente apoyada por el Estado italiano, manejado por democristianos que son la negación de esta preocupación) es una deserción de sí mismo, es un insulto irresponsable contra la sociedad, es un grave delito en contra de la caridad (y sobre la caridad seremos juzgados,  no por los tribunales de la mentalidad dominante sino por el tribunal de Dios, si de un tribunal se puede hablar en relación con esta condena a la desesperación total, que para muchos ya ha comenzado).

Hay otra responsabilidad en la dulce carga de ser padres, y su nombre es “discreción”. La naturaleza, de hecho, es discreta: se dice que non facit saltus y, de hecho, no se puede crecer un árbol jalándole las ramas, sobre todo si ese árbol es la consciencia, que se desarrolla según tiempos y estilos propios: más los hijos demuestran una inteligencia y voluntad propia, más la discreción emerge en términos de propuesta dirigida hacia un ser que es libre. El fin de la educación es hacer posible que emerja esta libertad, y que sea inteligente y capaz de trabajo.
continua...