Entre los proyectos
de Roberta no existía seguramente el de ser profesora. Pero, para poder
continuar su vida aparentemente perfecta, un esposo, dos hijos, una casa
perfecta, renuncia al sueño de su juventud: el violín.
De repente, todo lo
que ella creía indestructibles se derrumba como un castillo de naipes: su
marido la deja y su vida perfecta se va con él, llevándose todo lo en el cual
ella siempre había creído. La existencia de Roberta está profundamente alterada
por circunstancias imprevistas y que ella no había elegido o deseado, pero que
resultan ser una esperanza y una nueva pasión.





