Tuesday, 23 June 2020
Monday, 22 June 2020
Andrea Romani a ICTE: Educación como Desarrollo Humano (seconda parte)
LA EXPERIENCIA PERSONAL
Quiero pasar al otro aspecto del método que dije que iba a utilizar: tomar como punto de referencia la naturaleza humana misma. Cada uno tiene que juzgar en base a su propia experiencia. Sin embargo, hoy nuestra experiencia se encuentra, podríamos decir, bombardeada por múltiples y complejas interpretaciones, ideologías, intereses y medios.
Hoy, uno de los ejemplos de experiencia personal parece ser la duda: uno se presenta como realmente maduro, sabio y rico en su experiencia personal cuando puede y sabe ser escéptico y dudar de todo. Este tipo de hombre jamás podrá ser educador verdadero: el joven necesita de certezas, necesita de apoyo firme. Estoy hablando de la duda sistemática, no de la justa duda que puede nacer después de una investigación. La duda sistemática impide lo que el hombre tendría que hacer y que el joven desea: entregarse a la realidad.
Otro de los ejemplos de experiencia personal de hoy es la libertad entendida como individualismo absoluto. Este tipo de hombre tampoco podrá ser educador verdadero, porque su vida es ausencia de responsabilidades y de palabras confiables para con los demás. Para el joven que desea encarar el amor, el trabajo y una tarea personal en la vida, la expresión plena de la libertad no es la ausencia de ligámenes, sino la construcción de ellos.
Delante del joven, que es algo “todo nuevo”, el adulto ve de que manera tendría que cambiar su vida, sobre todo si es padre, maestro, educador. Por eso, me pregunto si un hombre de nuestros días, educado en las ciencias empíricas y matemáticas, en el escepticismo y en el individualismo, pueda dedicarse a un examen serio de un argumento que implica el misterio de las relaciones intrapersonales e interhumanas, como lo es la relación educativa entre maestro y alumno, entre un adulto y un joven.
De esta breve reflexión, deseo dejar claro que el profesor es un ser humano, antes que ser un profesor, y no podrá ponerse delante del joven escondiéndose come persona. Por lo tanto, su primera tarea, también como persona es (aún antes de la importantísima relación entre maestro y alumno) la de recuperar y retomar el sentido de su propia experiencia humana. Él deberá encarar su humanidad a la raíz, entregándose a su propria vida, a sus intereses profundos y verdaderos, incluidos los de sus materias profesionales. Así el profesor podrá tener una propia y personal experiencia que le sirva como criterio para juzgar. Además, será sincero con el joven, presentándole la verdad de sí mismo y no una máscara o mentira, de la cual el joven muy pronto se va a dar cuenta.
LA NATURALEZA
Preguntémonos, primero, cuáles sean la regla y el método de la naturaleza para el desarrollo de un hombre. La respuesta queda delante de los ojos de todos. La naturaleza pone el hombre dentro de la realidad y de la vida sin que él ya la conozca (y sin haberlo antes preparado demasiado, dado el cuerpo pequeño y débil que sale del vientre de su mamá). Se comienza la existencia como algo no desarrollado. “Haciendo se aprende” es una expresión que tiene un fondo verdadero, porque así actúa la misma naturaleza: nos pone adentro de la realidad antes de estar completamente desarrollados como hombres. Estando allí es que nos desarrollamos. Podríamos decir que se entiende adhiriendo.
Existe una historia de exploradores que llegan a un pueblo lejano y, en una cabaña pobre, en la casa de dos ancianos cónyuges mudos y enfermos, ven algo que se mueve en el piso, bajo un mantel. Acercándose, se dan cuenta que se trata de una niña, ya bastante grande, que todavía no reacciona a nada. No reacciona por el motivo que, siendo sus padres mudos e inamovibles, ella no tenía, en sus alrededores, ninguna provocación. El hecho es que aquel germen, que es el hombre recién nacido, no se desarrolla si no tiene provocaciones.
La palabra “provocación”, que se deriva del latín y está compuesta por “pro” (adelante) y por “vocación” (llamado), expresa la función de quien pone delante algo llamativo. En este caso, se refiere a la acción de quienes ponen, delante del joven, el llamado, real e ideal, al cual él está destinado en su vida. Se trata de un término que recubre, al mismo tiempo, un sentido como él de despertar en mí algo que todavía está dormido y él de ayudarme, protegerme y promoverme. En términos tomados de las ciencias naturales, se puede hablar de “hipótesis de trabajo”: el niño recién nacido toma como hipótesis de trabajo para moverse sus papás, sus inmediatos provocadores. El niño, adhiriendo a ellos, entiende, paso tras paso.
La mamá que sonríe al niño en la cuna es una provocación, la leche de su pecho es una provocación, el intento de hablarle al niño para que él mismo empiece a hablar es una provocación, etcétera. Más adelante, con el desarrollarse del niño, se darán otras provocaciones, no únicamente materiales sino también psíquicas y espirituales. La educación tomará un camino siempre nuevo, moldeándose según los distintos pasos de aquella época de la vida que tradicionalmente se llama “edad evolutiva”, por sus muchos y repentinos cambios. La educación es, básicamente, esta provocación y está basada en el hecho de que el joven, desde niño hasta su madurez, tenga, de forma distinta según su cambiante camino propio, unos provocadores en este sentido. Sin la existencia de provocaciones, la vida acaba su desarrollo: esto nos dice la misma naturaleza.
Saturday, 20 June 2020
Lucia Cavalletti a ICTE
Thursday, 18 June 2020
Andea Romani a ICTE "Educación como Desarrollo humano"
Hablar de educación y de desarrollo humano es tener un enfoque hacia los jóvenes, o sea hacia la que se llama la “edad evolutiva” o el período del más intenso desarrollo humano. Se trata del momento en el cual las jóvenes y los jóvenes viven la edad decisiva, entre los trece y los veinte años, en la que dos o tres “sí” o “no” deciden de la construcción fundamental de una personalidad. Consideren que cada uno es único y no será repetible jamás en la historia de todo el universo. Por otro lado, hablar de “escuela” o de “salón de clase”, para mí, ha sido siempre decir el nombre de personas, una por una.
Los padres, los profesores y los maestros somos los que tienen una responsabilidad inaudita delante de las personas, de nuestros Países y, yo diría, del mismo dios. Esto por amor al hombre en su realización individual y por amor a la sociedad como lugar de libertad en el convivir y en el construir juntos.
Hoy, estamos adentro de una “homologación”, que se vuelve siempre más poderosa gracias a los instrumentos de comunicación masiva, que nos quiere todos iguales. La tendencia es aquella que las escuelas donde prevalece la relación maestro-alumno sean substituidas por burocracias anónimas, por reglas sobre reglas, para dar lugar a un proceso de formación fundado en un sistema instructivo y educativo de tipo publicitario.
Entonces, serán necesarios de hombres y mujeres que crean en su destino grande y en su valor; que decidan sacrificar sus vidas para dedicarse a un trabajo educativo que recupere la ineliminable función humana y social de acompañar personalmente a los jóvenes. Ellos tienen una impresionante necesidad de alguien que los acompañe sin manipularlos, ellos desean la cercanía de una más grande humanidad, exigente e indulgente al mismo tiempo, que les esté cerca sin ser pesada ni oprimente.
Siendo el problema muy grave y actual, no quiere ser, el mío, un discurso completo sobre la pedagogía y la educación, sino poner unos puntos muy elementales, que me parecen fundamentales en cualquier planteamiento educativo. Haciéndolo, voy a utilizar dos caminos que son muy sencillos: el primero consiste en el hecho de explicar palabras que se usan en la descripción usual del proceso educativo, mientras que el otro consistirá en el tomar como punto de referencia la naturaleza misma, sin ideologías preconstituidas.
EL SENTIDO DE LAS PALABRAS
Descubrir el sentido de las palabras parece sencillo; pero, en realidad, se trata de un trabajo para hacer el cual se necesita de una buena dosis de fatiga. A veces, se dan a los alumnos de clases tareas de etimología, para que entiendan el origen de los términos que utilizan. Pero, este trabajo corre el riesgo de no lograr bien su objetivo, porque no se trata únicamente de conocer de donde se derive una palabra, sino de conocer su contexto histórico y de entrar en el mundo que le ha dado su origen: se trata de ensimismarse con la mentalidad del pueblo que la inventó. Por otra parte, hoy, vivimos en un mundo en el cual muchas palabras, por la publicidad que desacraliza todo, se adaptan a tener muchos sentidos, a veces también opuestos y muy lejanos de su origen.
La fatiga es necesaria porqué la mentalidad que tenemos nos ha distraído del valor del hecho humano. Todo, hoy, el amor también, se mide con dinero. Nada parece plenamente razonable si no tiene su precio. Se ha difundido una grave mentalidad según la cual los éxitos materiales son los únicos elementos que constituyen un conocimiento cierto y hasta una bendición de parte de dios. Una cierta fatiga será entonces necesaria, porque se trata de una lucha contra algo que está dentro de nosotros, la mentalidad común. Ustedes confronten lo que de mí escuchen con lo que, al respecto, le sugiere su vida real.
También en este sentido, es muy útil el hecho de explicar las palabras. Diría que es necesario, porque la lucha contra la mentalidad dominante siempre es una lucha sobre las palabras. Pongamos la palabra “consciencia”, o la palabra “libertad”, o la misma palabra “amor”. Hay que luchar para una correcta interpretación de las palabras; de otra forma, la convivencia se vuelve confusión. Nosotros los profesores, por ejemplo, decimos palabras que tienen siglos de historia y, muchísimas veces, las utilizamos sin darnos cuenta de su contenido.
Nuestro trabajo de maestros y de profesores es maravilloso, porque, en nuestras clases, iniciamos a una verdad a quienes no la conocen. Este es un trabajo que debería permitirnos encarar siempre y de nuevo la realidad, volviéndonos, nosotros mismos que la exponemos, más elementales, más esenciales y más sintéticos. A veces, se confunde todo con una postura de rigidez nocionísta o con una actitud sentimental para con los alumnos o con una vaga humanitaria incitación al bien, al deber y al estudio. Me parece equivocado que muchos educadores quieran conocer todas le ciencias modernas y no se preocupen por conocer los elementos fundamentales de aquella experiencia que es su tarea diaria: la relación educativa.
Tuesday, 16 June 2020
Educare: accompagnare (ora più che mai)
Educare è non mettere in quarantena il cuore
The Great Teachers è un’associazione internazionale presente in El Salvador, Honduras, Guatemala, Messico, Giappone, Italia e Francia. È formata da educatori che lavorano dell’ambito dell’educazione formale e non formale. Partendo dal nostro interesse e dalla nostra preoccupazione per il tema dell’educazione, cerchiamo di dare un giudizio e di aiutarci reciprocamente nella nostra professione.
Ciò che ci ha spinto a iniziare questo lavoro insieme è stato il renderci conto che, davanti a un giovane o a un bambino, non basta trasmettere le conoscenze richieste dalle materie e dai programmi di studio o avere tecniche perfette; educare è trasmettere una umanità differente, risvegliare nel giovane le domande che porta in sé, che ognuno ha dentro, nel suo desiderio di felicità e nella ricerca di un senso per la sua vita.
Per aiutarci in questo compito, abbiamo deciso di lavorare insieme come una comunità educante –come la chiamiamo tra di noi-; ma, in primo luogo, è nata un’amicizia tra noi che ci dedichiamo all’educazione.
Stiamo vivendo un momento difficile in tutto il mondo e noi non siamo esenti dagli avvenimenti e dalle lotte umane che tutti stanno affrontando. Molte sono le domande che ci assalgono e la circostanza ci mette in discussione; lo vediamo tra noi adulti, ma soprattutto nei nostri studenti, che in questa quarantena si sentono piuttosto “smarriti” e, a volte, addirittura inutili perché possono fare poco o niente; non riescono neppure ad organizzare le loro giornate: sembra che si tratti di tenerli “occupati” e “intrattenerli”, riempiendoli di materiali, compiti, verifiche, lezioni; e forse così sono pieni di cose da fare, ma viene zittita la domanda che hanno al fondo e non sono aiutati a scoprire la voce del loro cuore.
Alla fine, scelgono di restarsene comodi in casa, aspettando che tutto passi.
E se non era già abbastanza complesso il tema dell’educazione, specialmente in quest’era globalizzata in cui la mentalità dominante strumentalizza i suoi protagonisti (studenti, docenti, genitori), con la pandemia noi docenti affrontiamo un’altra difficoltà imprevista: le lezioni online, dall’infanzia all’università! Tutto con la scusa di “salvare” l’anno scolastico e tenere “occupati” (o intrattenere) i docenti e gli studenti (pensiamo anche ai nostri studenti che non avevano nessuna familiarità con questa nuova forma di ricevere le lezioni o fare i compiti). Allora, ci sono sorte queste domande: come non perdere la coscienza, la responsabilità e il desiderio di continuare ad accompagnare i nostri bambini e i nostri giovani, in questa grave situazione, verso alcune delle scelte più importanti della loro vita? (e, in questo senso, anche i genitori sono per natura educatori) Come far sì che questo periodo non sia tempo perso, per loro e per noi?
Nonostante la reclusione fisica in cui siamo obbligati a stare, il nostro essere educatori non va in quarantena; ciò che abbiamo imparato e vissuto lungo la nostra esperienza, vogliamo continuare a trasmetterlo ai nostri studenti, desideriamo continuare a viverlo con loro, ricordando loro che quello che ci definisce come esseri umani non risiede nel fare molte attività, ma nel vivere insieme un’esperienza educativa per la vita.
In questo momento eccezionale, singolare e delicato che stiamo vivendo tutti, cerchiamo di aiutarci ad affrontare questa problematica nel nostro compito di educatori, perché questa responsabilità straordinaria non può stare in quarantena e, pertanto, neppure la nostra umanità né tantomeno quella dei nostri studenti.
Per questo motivo, oggi più che mai sentiamo l’urgenza di ricevere aiuto, di essere accompagnati, e di poter anche noi accompagnare i nostri studenti, riconoscendo che non siamo autosufficienti. Preparare materiali e guide di studio per i nostri alunni, organizzare e tenere lezioni virtuali, registrare video e spiegazioni, imparare ad utilizzare queste piattaforme tanto sconosciute fino a poco più di un mese fa, ha portato con sé un lavoro che richiede una buona dose di impegno e stanchezza. Forse la responsabilità dell’educatore non implica già abbastanza sforzo?
Questo sforzo e questo lavoro, che comportano molta fatica, sono necessari dato che la mentalità comune ci distrae e ci fa perdere di vista il fattore umano, ma in questa circostanza si corre anche il rischio di rendere snaturato il lavoro educativo; per questo, diventa urgente prendere coscienza della necessità dell’educazione come accompagnamento reciproco, che si possa trasformare in una passione che attraversi e impregni il nostro lavoro concreto con i giovani. È importante ricordare che lo sforzo non sta solo nell’apprendere nuovi strumenti tecnologici per poter arrivare agli altri, ma che il nostro compito indica una visione che va più in là, verso un senso umano vero, è il desiderio di costruire e creare spazi di incontro, senza perdere di vista la nostra umanità e quella dei nostri alunni.
Dentro alle difficoltà, troviamo anche il fatto che abbiamo una percentuale significativa di bambini e adolescenti che non hanno accesso alle lezioni online (che non hanno neanche da mangiare!). In quanto educatori che non solo istruiscono ma che accompagnano, nasce la preoccupazione di come poter continuare a far uscire la loro umanità piena di curiosità, quelle virtù, quelle capacità e che non restino addormentati davanti alla tv o ad un video… Di nuovo ci chiediamo: cosa facciamo? Come si fa per poter continuare ad accompagnarli nel loro cammino di vita? Davanti a queste domande, esistono risposte quasi immediate: nella condivisione con altri educatori, che si contraddistinguono per la loro creatività e collaborazione, si formano idee e modi accessibili.
Un educatore non si limita a quello che ha a portata di mano e che raggiunge facilmente ma va più in là; e, in unità e comunione, questi educatori avanzano proposte, ipotesi di lavoro, video corti, audio, tra le tante altre iniziative. Sappiamo che la maggior parte delle famiglie può contare con almeno uno smartphone in casa, allora si presenta l’opzione di continuare in questo accompagnamento, con un messaggio, una chiamata, mandando video e immagini.
Non è la risposta a tutto, però è il modo che abbiamo per accompagnarci oggi; e per noi diventa ricerca e proposta di un “muoversi” verso l’altro, di incontrarlo, di vivere un’esperienza autentica che ci permetta di avere presente l’unità –e quindi la comunità- come risposta alle situazioni che affrontiamo.
In questo modo, è nato tra noi, per aiutarci in questa difficile circostanza, il desiderio e la necessità di continuare a vederci, incontrandoci, dialogando tra noi e con altri docenti amici, condividendo esperienze e difficoltà, perché ora più che mai sentiamo che è necessaria e urgente questa comunità educante, per non mettere distanze, per essere vicini gli uni agli altri.
Desideriamo essere aiutati come docenti e, allo stesso tempo, aiutare i nostri studenti a non mettere in quarantena il cuore.
Thursday, 7 May 2020
Educar: acompañar (ahora más que nunca) Educar es no poner en cuarentena el corazón
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Lo que nos motivó a comenzar este trabajo juntos fue el darnos cuenta que, frente a un joven o a un niño, no basta transmitir los conocimientos que exigen las materias y los programas de estudio o poseer las técnicas perfectas; educar es transmitir una humanidad diferente, despertar en el joven las interrogantes que ya lleva dentro de sí, que cada uno tiene adentro, en su deseo de felicidad y en la búsqueda de un sentido a su vida.
Para ayudarnos en esta tarea decidimos trabajar juntos como una comunidad educativa -como la llamamos entre nosotros-; pero en primer lugar, ha nacido una amistad entre quienes nos dedicamos a educar.
Estamos viviendo un momento difícil en todo el mundo y nosotros no estamos exentos de los acontecimientos y de las luchas humanas que todos los hombres están enfrentado. Son muchas las preguntas que nos asaltan y la circunstancia nos cuestiona; lo vemos entre nosotros los adultos; pero sobre todo en nuestros estudiantes que en esta cuarentena se sienten bastante “perdidos” y a veces hasta inútiles porque no pueden hacer mucho o nada; tampoco logran organizarse en su jornada: pareciera que deben mantenerse “ocupados” y “entretenidos”, llenándolos de materiales, tareas, exámenes, clases; y tal vez así se llenan de cosas por hacer pero se calla la pregunta de fondo que tienen y no son ayudados a descubrir la voz de su corazón.
Finalmente optan por quedarse cómodos en casa, esperando a que todo pase.
Como si el tema de la educación no fuera ya complejo, sobre todo en esta era globalizada en donde la mentalidad común instrumentaliza a sus protagonistas: estudiantes, docentes y padres de familia; con la pandemia, los docentes enfrentamos otra dificultad inesperada ¡las clases en línea, desde el kínder hasta la universidad! con el conque de “salvar” el año lectivo y tener “ocupados” (o entretenidos) a los docentes y estudiantes (pensemos también en nuestros estudiantes, que no estaban familiarizados con esta nueva forma de recibir clases o hacer tareas). Entonces nos han surgido estas interrogantes ¿cómo no perder la conciencia, la responsabilidad y el deseo de seguir acompañando a nuestros niños y jóvenes, en esta grave situación, hacia algunas de las elecciones más importantes de su vida? (en este sentido, también los padres, por naturaleza, son educadores) ¿cómo hacer para que este periodo no sea tiempo perdido, para ellos y para nosotros?
A pesar del encierro físico al que todos nos vemos obligados, nuestro ser educadores no se va de cuarentena; lo que hemos aprendido y vivido a lo largo de nuestra experiencia, queremos seguirlo transmitiendo a nuestros estudiantes, deseamos seguir viviéndolo con ellos, recordándoles que lo que nos define como humanos no radica en el hacer muchas actividades sino en vivir juntos una experiencia educativa para la vida.
En este momento excepcional, singular y delicado que estamos viviendo todos, tratamos de ayudarnos a enfrentar esta problemática en nuestra tarea de educadores, porque esta responsabilidad asombrosa no puede ponerse en cuarentena, por lo tanto, tampoco nuestra humanidad y menos la de nuestros estudiantes.
Por esta razón, hoy más que nunca sentimos la urgencia de recibir ayuda, de ser acompañados, así como también nosotros poder acompañar a nuestros estudiantes, reconociendo que no somos autosuficientes. Preparar materiales y guías de estudio para nuestros alumnos, organizar y sostener clases virtuales, grabar videos y lecciones, aprender a utilizar estas plataformas tan desconocidas hasta hace poco más que un mes, ha traído consigo un trabajo que requiere una buena dosis de compromiso y cansancio. ¿Acaso la responsabilidad del educador no conlleva ya bastante esfuerzo?
Este esfuerzo y trabajo, que conllevan una buena dosis de fatiga, son necesarios puesto que la mentalidad común nos distrae y nos hace perder de vista el factor humano, pero en esta circunstancia también se corre el riesgo de desnaturalizar el trabajo educativo; por eso se vuelve urgente tomar conciencia de la necesidad de la educación como un acompañamiento mutuo, que se pueda transformar en una pasión que pueda atravesar e impregnar nuestra labor concreta con los jóvenes. Es importante recordar que el esfuerzo no está solamente en aprender nuevas herramientas tecnológicas para llegar a los demás, sino que nuestra tarea señala una visión que va más allá, hacia un sentido humano verdadero, es el deseo de construir y crear espacios de encuentro, sin perder de vista nuestra humanidad y la de nuestros alumnos.
Dentro de las dificultades también encontramos el hecho de que, en un porcentaje significativo, nos encontramos con niños y adolescentes que no están teniendo acceso a clases por internet (¡que ni siquiera tienen qué comer!). Como educadores que no solamente instruimos, sino que acompañamos, surge la inquietud de cómo seguir sacando de ellos esa humanidad llena de curiosidad, esas virtudes, esas capacidades y que no se queden dormidas frente al televisor o frente a un video… De nuevo nos preguntamos ¿qué hacemos? ¿cómo le hacemos para seguir acompañándolos en su camino de vida? Ante estas preguntas, existen respuestas casi inmediatas: compartiendo con otros educadores, que se caracterizan por su creatividad y colaboración, se van formando ideas y formas accesibles.
Un educador no se limita a lo que tiene cerquita y fácil sino que va más allá; y en unidad y comunión, estos educadores se plantean propuestas, hojas de trabajo, videos cortos, audios, entre otra variedad de iniciativas. Se sabe que la mayoría de familias pueden contar con al menos un teléfono inteligente en casa, así que, se presenta la opción de seguir haciendo este acompañamiento, a través de un mensaje, de una llamada, de compartir videos e imágenes.
No es la respuesta a todo, pero, es la forma que tenemos para acompañarnos hoy; y para nosotros, se vuelve búsqueda y propuesta de un “moverse” hacia el otro, de ir a su encuentro, de vivir una experiencia auténtica que nos permita tener presente la unidad --y por ende la comunidad-- como respuesta a las situaciones que enfrentamos.
De este modo, ha surgido entre nosotros, para ayudarnos en esta difícil circunstancia, el deseo y la necesidad de seguirnos viéndonos, encontrándonos, dialogando entre nosotros y con otros docentes amigos, compartiendo experiencias y dificultades, porque ahora más que nunca sentimos necesaria y urgente esta comunidad educativa, para no poner distancias, para estar cerca los unos de los otros.
Deseamos ser ayudados como docentes, y a la vez ayudar a nuestros estudiantes, a no poner en cuarentena el corazón.
Sunday, 3 May 2020
Edgar Morin: fratelli del mondo
Corriere della Sera - 5 Apr 2020
di Nuccio Ordine
«L’unificazione tecnico-economica del mondo, creata dalla diffusione del capitalismo aggressivo negli anni Novanta, ha generato un enorme paradosso che l’emergenza del coronavirus ha reso ormai visibile a tutti: questa interdipendenza tra le nazioni, anziché favorire un reale progresso nella conoscenza e nella comprensione tra i popoli, ha scatenato forme di egoismo e di ultranazionalismo. Il virus ha smascherato questa mancanza di un’autentica coscienza planetaria dell’umanità». Edgar Morin parla con la consueta passione riuscendo a rendere calorosa perfino una conversazione, a distanza, attraverso Skype. Anche lui, come milioni di europei, è confinato in casa, a Montpellier, dove assieme alla moglie segue con grande attenzione gli sviluppi della pandemia.
Internazionalmente riconosciuto come uno dei più brillanti filosofi contemporanei, a novantotto anni (l’8 luglio ne compirà novantanove) Morin legge, scrive, ascolta musica e, in tempo di epidemia, consuma aperitivi virtuali con amici e parenti. Proprio la sua vivacità, la sua voglia di vivere, testimoniano con forza il dramma di un flagello che sta spazzando via soprattutto migliaia di anziani e di malati con patologie pregresse. «So bene — dice con una leggera noncuranza — che potrei essere la vittima per eccellenza del coronavirus. Alla mia età, però, la morte è sempre in agguato. Così è meglio pensare alla vita e soprattutto riflettere su ciò che sta accadendo nel mondo intero...».
Prima di iniziare la nostra conversazione, Morin tiene a salutare gli italiani che soffrono: «Vedo ogni giorno le terribili immagini che arrivano dall’Italia settentrionale, e, ancora in queste ore, dalla città di Bergamo. Penso con affetto agli amici e ai colleghi con cui ho condiviso momenti indimenticabili nei miei frequenti viaggi nel vostro splendido Paese. Esprimo tutta la mia solidarietà agli ammalati che lottano per la sopravvivenza e ai loro parenti che non possono assisterli in questo drammatico corpo a corpo con il virus».




